Monólogo cómico de Jaime Ocaña.
Los caminos del éxito son inescrutables, pero tú también si te fijaras un poco verías que no todo es a suerte o verdad. Los clásicos no siempre son edificantes pero funcionan: medrar, ser rastrero, comportarse como una rata en un naufragio, boicotear todo lo que te rodea aunque no te beneficie en nada, criticar de forma destructiva y miserable a gente que no sabes ni cómo se llama, ser un llorica chivota, celebrar los infumables chistes de tus superiores con risas al borde de la epilepsia, arrastrarte como una babosa y tener menos principios que un libro en blanco.
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